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En la Uneac está la fuerza

  • Fecha de publicación: 2 Febrero 2021
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Nelson Ponce
Autor: 

Lisbeth Moya González/Juventud Rebelde

Cuando el ilustrador y diseñador cubano Nelson Ponce se graduó del Instituto Superior de Diseño (ISDI) comenzó a pensar cómo articularse en dinámicas que le permitieran convertirse en un mejor profesional. Por eso, a pesar de ser muy joven, intentó entrar a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), y lo logró.

—¿Qué aportó esa organización a tu carrera?

—El intercambio con íconos del diseño cubano y del mundo de la cultura, sobre todo. Asistí a varias actividades, por el Día del Diseño por ejemplo, en las cuales pude hablar con personalidades que siempre había admirado mucho.

«En la Uneac conocí a Lesbia Vent Dumois, quien dirige de manera excepcional la Asociación de Artes Plásticas y es del tipo de persona que me gusta seguir, por el empeño con que trabaja. De su mano comencé a hacer algunos proyectos con la organización, entre ellos el taller A lo hecho pecho, en que impartíamos conferencias a estudiantes del ISDI o personas interesadas en el diseño. También, Pepe Menéndez y yo conformamos el club Amigos del cartel, que buscaba ser un puente entre diseñadores, cartelistas, coleccionistas...

«Participé, además, en una licitación por el 7mo. Congreso y mi cartel fue seleccionado para identificar este evento. A partir de ese momento me vinculé mucho más a la promoción de las acciones de la Uneac junto a otros diseñadores y este se convirtió en uno de los espacios para dar a conocer mi obra».

—Ahora la campaña por los 60 de la Uneac ha caído en tus manos...

—Llegó a mí porque nuevamente Lesbia Vent Dumois me convocó. Fue un placer trabajar en la visualidad de un momento tan especial para la organización. Lo primero fue decidir el lema. Tuve muy a mi favor el hecho de trabajar con un grupo de comunicación joven que le imprimió a la campaña la frescura que necesitaba. El lema terminó siendo En la Uneac está la fuerza, y resultó el pie forzado para desplegar todo el concepto. A mi modo de ver, ese punto de partida resume lo mejor de la organización, porque remite precisamente a esa capacidad de agrupar a la vanguardia de la cultura cubana. Me parece que es fresco por apelar a la jocosidad de un refrán popular para comunicar el mensaje.

«La unidad mínima de la campaña a nivel visual y el punto de partida de la misma es un logotipo: un número 60 que recrea los rasgos del identificador de la Uneac y potencia la idea de la unión. Busqué lograr una grafía fuerte que la reforzara e identificara a la organización.

«El logo es la punta del iceberg, pues a partir de este se diseñan carteles y otros soportes que han tenido que adaptarse a las actuales condiciones de aislamiento por la COVID-19. El cartel se basa en la idea de un imán, como algo que representa la atracción que ejerce la organización como centro que nuclea a los creadores.

«Este concepto gráfico estará plasmado en objetos como agendas, nasobucos, almanaques y pulóveres, que son utilitarios y constituyen una promoción ambulante de lo que se quiere comunicar. La campaña tiene también un componente audiovisual del que se encargará el grupo de comunicación basándose en las pautas y rasgos generales que ya están planteados en cuanto a diseño. Para mí es muy placentero formar parte de este equipo y aportar desde mis saberes al aniversario de una organización que tanto ha dado a los artistas cubanos».

Nelson admite que su obra más reconocida es el cartel para la película Vampiros en La Habana, que realizó siendo muy joven y de una manera minimalista, un rasgo que a su modo de ver no es característico en su quehacer. Durante su carrera ha sido diseñador en Casa de las Américas, profesor de Ilustración y Cartel en el ISDI, ilustrador de la revista cultural La Jiribilla, colaborador de Gente Nueva y actualmente se desempeña como diseñador en la Fábrica de Arte Cubano (FAC).

«Siempre fui un niño intranquilo que amaba el deporte y necesitaba expresarse para canalizar esa energía. Mis libretas estaban llenas de dibujos y hasta me distraía en las clases, pero tenía claro que dibujar sería la manera de ganarme la vida», cuenta Ponce.

«Estudié Diseño por azar, no tenía formación previa y me enteré por casualidad de los exámenes del ISDI. Al principio imaginé que no me gustaría una carrera como Diseño Industrial, porque no la asociaba al arte, pero me presenté para tener una opción más y asegurar la universidad. Cuando llegué a la prueba de aptitud todos hablaban en términos técnicos y pensé que no lo lograría, porque no me había preparado. No obstante, cuando caminé por los pasillos de aquella universidad vi el ambiente y todo lo que allí se hacía en cuanto a diseño gráfico, me enamoré de la carrera».

—¿Cómo y por qué te conviertes en profesor?

—Cuando terminé la carrera, estaba decidido a cambiar el modo como se impartían algunas asignaturas y colaborar con la formación de otras generaciones. Siempre vi en mi casa lo que podía lograr un profesor, porque mi mamá era maestra. Así que decidí quedarme en la academia impartiendo asignaturas como Ilustración y Cartel, que a mi modo de ver debían diversificarse porque hacían mucha falta en nuestro país. Estuve 12 años en las aulas, aunque mi servicio social lo cumplí en la Empresa de Tecnologías de la Información y Servicios Telemáticos (Citmatel), diseñando la interfaz de usuario de sitios web y multimedias.

«Tiempo después logré trabajar en Casa de las Américas, un lugar que me permitió realizarme como artista y al cual le debo buena parte de mi crecimiento profesional. Luego, tras la fundación de FAC, me uní a su departamento de Diseño, que me ofreció la oportunidad de acercarme mucho más a otras variantes del diseño relacionadas, por ejemplo, con el arte urbano».

—Mucho se habla de tu etapa creativa como parte del grupo de artistas nombrado Camaleón...

—Este colectivo nació en el seno del ISDI en 2001, compuesto principalmente por Idania del Río González, David Alfonso Suárez, Darién Sánchez Castro y Eduardo Sarmiento Portero. Durante mi etapa de profesor, por allá por 2003, un grupo de estudiantes y yo quisimos dinamizar de cierta forma las maneras de hacer y difundir la labor de los diseñadores.

«En un principio nos propusimos crear una publicación llamada Camaleón. Finalmente terminamos siendo un núcleo de cinco personas y algunos colaboradores que coordinaban todo tipo de actividades. La revista La jiribilla fue uno de nuestros principales espacios de expresión, aunque también colaborábamos con otros colectivos y facultades de la Universidad de La Habana. Fue un grupo muy dinámico y divertido que quiso renovarlo todo y lo consiguió en muchos sentidos. Recuerdo con cariño nuestros trabajos relacionados con la ilustración de literatura infantil y los murales que hicimos en la Universidad».

 UNEAC

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